“Una vez, un padre de una familia acaudalada llevó a su hijo a un viaje por el campo con el firme propósito de que viera cuán pobres eran las gentes. Estuvieron por un espacio de un día y una noche completos, en una granja de una familia campesina muy humilde. Al concluir el viaje, y de regreso a casa, el padre le pregunta a su hijo: “¿qué te pareció el viaje?” “muy bonito, papi”. “¿Viste que tan pobre puede ser la gente?” “Sí”. “¿Y qué aprendiste?” “Vi que nosotros tenemos un perro en casa; ellos tienen cuatro. Nosotros tenemos una piscina que llega de una pared a la mitad del jardín; ellos tienen un riachuelo que no tiene fin. Nosotros tenemos unas lámparas importadas en el patio; ellos tienen las estrellas. El patio llega hasta la pared de la casa del vecino; ellos tienen todo un horizonte de patio. Ellos tienen tiempo para conversar y estar en familia; tú y mamá tenéis que trabajar todo el tiempo y casi nunca os veo”. Al terminar el relato, el padre se quedó mudo…y su hijo agregó: “Gracias, papi, por enseñarme lo ricos que podemos llegar a ser”
Acosta, A (2009)”Relato” En Taibo, C.: En defensa del decrecimiento. Sobre capitalismo crisis y barbarie. Madrid: Catarara, p. 147.







